¿Qué es la historia ambiental?

Historia ambiental es el estudio interdisciplinar de la interacción humano-medio ambiente a lo largo del tiempo, o “la historia de las relaciones mutuas entre la humanidad y el resto de la naturaleza” (McNeill, 2003, p. 6). Mientras este campo puede ser entendido como una subdisciplina de la historia, donde el foco está en cuestiones medioambientales, a menudo constituye una empresa más ambiciosa: la medioambientalización de la propia historia. Por un lado, los y las historiadoras ambientales pueden por ende centrarse exclusivamente en temas ecológicos. Por otro, pueden estudiar aspectos medio ambientales de la historia inexplorados – extendiendo así el marco de cómo entendemos e interpretamos el pasado.

En otras palabras, la historia ambiental es una historia basada en el hecho ecológico de que los seres humanos también somos organismos y que no estamos en absoluto separados del ecosistema y la biosfera. Dado que el correlativo de un organismo es su entorno, esta perspectiva ecológica implica que el mundo natural se entiende como un escenario dinámico e interactivo y no como un fondo inerte y pasivo. De manera implícita y explícita, el trabajo de los y las historiadoras medioambientales desafía, por lo tanto, la narrativa estándar de la modernidad como una marcha de progreso según la cual la humanidad se libera sucesivamente a sí misma de un estado de naturaleza. Al analizar las líneas generales de la historia moderna, la historia ambiental suele argumentar algo similar a lo que afirma el sociólogo Bruno Latour (1993; 2015): que “nunca hemos sido modernos” en el sentido común de la palabra, ya que nuestra supuesta emancipación de las limitaciones naturales es, en realidad, un enredo cada vez mayor con la realidad ecológica. Dado que la historia ambiental a menudo implica un reexamen de los relatos y explicaciones de historiadores anteriores, puede entenderse como como “parte de un esfuerzo revisionista de hacer la disciplina [de la historia] mucho más inclusiva en sus narrativas de lo que ha sido tradicionalmente” (Worster, 1989, p. 290; cfr. Hughes, 2006, p. 4).  La historia ambiental es, pues, la historia estudiada sin abstraer a los humanos y sus ideas y cultura del mundo material, relacional y ecológico en el que existen concretamente.

Un tema frecuente en la historia ambiental es la transformación humana de la naturaleza (Merchant, 2007, p. xv). Al mismo tiempo, los historiadores ambientales se centran más o menos en la dimensión humana de esta interacción, y la pregunta de cómo los seres humanos y las sociedades han sido impactados por actividades no humanas también es una parte importante de esta indagación. Por consiguiente, el “objetivo principal” de la historia ambiental es “profundizar en nuestra comprensión de cómo los humanos han sido afectados por su medio ambiente natural a través del tiempo, y, por el contrario, cómo han afectado ese medio ambiente y con qué resultados” (Worster, 1989, pp. 290–291). Los problemas actuales de degradación ecológica y el impacto de la contaminación y el descenso de biodiversidad en los seres humanos pueden comprenderse, por lo tanto, a la luz de los acontecimientos y perspectivas estudiados por los historiadores del medio ambiente. Mientras su investigación puede ser un fin en sí mismo, la importancia de sus descubrimientos se está volviendo cada vez más relevante para mejor comprender los retos ecológicos presentes y futuros. Así pues, el límite entre activismo e incidencia, por un lado, e investigación desinteresada, por otro, se difumina por la intensificación de la crisis ecológica (Palmblad y DeWitt, 2023). Al mismo tiempo, el estudio crítico que realizan los historiadores medioambientales de conceptos populares como «naturaleza salvaje» y «naturaleza», o de las contradicciones existentes en algunos movimientos activistas, a veces pone su investigación en desacuerdo tanto con el ecologismo convencional como con el radical, que a menudo se basa en la fuerza normativa de estas nociones.

En sus investigaciones, los y las historiadoras ambientales plantean y responden preguntas sobre cómo diferentes personas y sociedades han interactuado con su entorno a lo largo del tiempo; qué especies se extinguieron, se domesticaron y se propagaron debido a las actividades humanas; qué ideas sobre la naturaleza, la vida salvaje y el mundo circundante prevalecían en diferentes sociedades y civilizaciones; cómo los acontecimientos de la historia humana se vieron influidos o incluso determinados por factores ambientales, y mucho más. Por lo tanto, un estudio de una región específica en un momento determinado de la historia podría examinar muchos aspectos: el contenido de los productos culturales, pero también su materialidad; los impactos de las actividades humanas, pero también los impactos de las actividades naturales sobre los seres humanos; y las condiciones mismas que hicieron posible la vida humana, ya fuera sostenible o insostenible. Para comprender la interacción humano-medio ambiente a lo largo del tiempo, se suelen realizar trabajos interdisciplinares que van más allá de la disciplina histórica propiamente dicha.

Incluso siendo una disciplina joven, la historia ambiental tiene una larga prehistoria – especialmente si se la considera ampliamente como la consciencia de las relaciones mutuas entre humanos y naturaleza no humana a través del tiempo. Ya en la Antigua Grecia, los pioneros historiadores Heródoto (c. 484-425 AEC) y Tucídides (c. 460-400 AEC) escribieron sobre el impacto de los humanos a sus alrededores y viceversa, y un siglo después el filósofo chino Mencio (c. 371-289 AEC) proporcionó consejo en cómo hacer las actividades humanas más sostenibles a lo largo del tiempo. En la Edad Media, pensadores árabes y europeos continuaron esta tradición, y en toda la Modernidad, intelectuales de distintas culturas han investigado cómo los humanos han interactuado con sus alrededores (Hughes, 2006). Sin duda, se pueden encontrar una conciencia y unas inquietudes similares en culturas de todo el mundo, sobre todo en la ciencia concreta de los diversos pueblos indígenas que aún existen en el mundo, todos los cuales tienen en común que sus sociedades han sido sostenibles durante milenios. En épocas más recientes, el ecologista Aldo Leopold argumentó que “una interpretación ecológica de la historia” revela la interdependencia de la humanidad con otras especies (Leopold 1987 [1949], p. 205), la escuela francesa de los Annales contribuyó a la comprensión histórica de la interacción entre el ser humano y el medio ambiente (Worster 1989), mientras que intelectuales como Patrick Geddes (1854-1932) y Lewis Mumford (1895-1990) aplicaron métodos interdisciplinarios para comprender cómo las ciudades y las regiones se han desarrollado conjuntamente a lo largo del tiempo (Palmblad, 2024; Guha, 1991).

Cuando la historia ambiental se volvió una disciplina diferenciada y asentada en los 70, continuó esta larga tradición de estudiar las interacciones ecológicas pasadas, pero ganó su propia identidad. En este momento, con el despertar del movimiento medio ambientalista en la década precedente, muchas disciplinas se fijaron en la ecología, y los historiadores no solo se esforzaron en ganar más consciencia medio ambiental sino también en volverse más interdisciplinares. Estos estudios también influenciaron otras disciplinas en ese momento, en Sobre el conductismo (1974), el célebre psicólogo B. F. Skinner argumentó que para comprender el comportamiento de un organismo es necesario tener en cuenta su «historia ambiental» (Skinner, 1974). En comparación con la historia en general, los autoproclamados historiadores ambientales se dieron cuenta de que tenían que ir más allá de las ideas, teniendo en cuenta no solo la organización social, sino también la propia Tierra, y por lo tanto acabaron estudiando cómo la naturaleza, la cultura material y las ideas se relacionaban entre sí como un todo único. En efecto, se convirtió en una disciplina de síntesis (Worster, 1989). Como tal, la historia ambiental se ha convertido naturalmente en un campo importante dentro de las humanidades ambientales, una «metadisciplina o supercampo» (Bergthaller et al., 2014, p. 264) en el que los estudiosos con un enfoque ecohumanista unen sus fuerzas mediante el intercambio y la convergencia (véase humanidades ecológicas). Esto se debe no solo a que la historia ambiental es más antigua y, por lo tanto, anticipó e informó las humanidades ambientales, sino también a que los historiadores ambientales han encontrado puntos en común con académicos de otras disciplinas de las humanidades.

Hoy en día, la historia ambiental es una de las muchas disciplinas que estudian las relaciones humano-medio ambiente a lo largo del tiempo. Los ecologistas humanos y los geógrafos históricos llevan mucho tiempo estudiando esta interacción desde sus respectivos puntos de vista, al igual que los antropólogos y arqueólogos con inquietudes medioambientales e históricas. Lo que distingue a la historia medioambiental suele ser sus teorías y metodologías históricas, pero los historiadores también toman prestadas perspectivas y herramientas de otras disciplinas. No pueden permitirse quedarse solo en el mundo de la teoría, la metodología y la jerga humanísticas, sino que deben aprender a hablar más idiomas, y ”el idioma más extraño que hay que aprender es el de los científicos naturales…. En conjunto, las ciencias naturales son ayudas indispensables para el historiador medioambiental, que debe comenzar por reconstruir los paisajes del pasado, aprender cómo eran y cómo funcionaban antes de que las sociedades humanas entraran en ellos y los reorganizaran” (Worster, 1989, p. 294). Por lo tanto, la alfabetización interdisciplinaria, especialmente, aunque no exclusivamente, en relación con la ecología, es imprescindible para una investigación histórica de acontecimientos que no se limitan al ámbito cultural (Ibid.; Hughes, 2006; McNeill, 2003). Sin dedicarse a las ciencias naturales, los historiadores medioambientales suelen informarse a través de trabajos científicos para contextualizar la historia con aspectos y acontecimientos del mundo natural.

Como ha argumentado McNeill (2020) más recientemente, los historiadores podrían incluso estar acercándose al “pico documental” (peak document), un momento en el que se agota la utilidad de los documentos textuales para la investigación histórica y, por lo tanto, se podrían considerar —más que antes— el uso de fuentes y herramientas no textuales de otras disciplinas. Los historiadores del medio ambiente siempre han utilizado fuentes secundarias de la ciencia y la ecología, pero puede que el futuro exija la adopción de metodologías científicas y ecológicas. Si bien es cierto que los historiadores del medio ambiente a menudo obtienen conocimientos de otros campos académicos, también lo es que los académicos sin formación en historia son bienvenidos en el ámbito de la historia medioambiental. Los caminos hacia la historia medioambiental suelen ser diversos, y contribuciones importantes —como Dulzura y poder: el lugar del azúcar en la Historia Moderna (Sweetness and Power: The Place of Sugar in Modern History, 1985), del antropólogo Sidney Mintz— provienen de fuera del campo.

Aunque la historia ambiental se caracterice por ir más allá de una mera historia de las ideas, la metodología para estudiar ideas, discursos y conceptos conserva su relevancia. Uno de los primeros trabajos del campo fue La economía de la naturaleza: una historia de ideas ecológicas (Nature’s Economy: A History of Ecological Ideas, 1994 [1977]) de Donald Worster, que analiza la compleja historia del pensamiento ecológico, y La muerte de la naturaleza: Mujeres, ecología y revolución científica (The Death of Nature: Women, Ecology and the Scientific Revolution, 1980) de Carolyn Merchant. Esta obra conecta los cambios históricos en las ideas sobre la naturaleza y las mujeres con la historia de la ciencia y la degradación medio ambiental. Aparte de constituir una contribución fundamental a la historia ambiental en general, el libro de Merchant también contribuyó al surgimiento del ecofeminismo e incluyó la experiencia de las mujeres al ámbito de un campo que hasta entonces había estado dominado por hombres, tanto en calidad de investigadores como de objetos de estudio.

El estudio de conceptos particulares también se ha convertido en una parte importante de la “caja de herramientas” del historiador ambiental, como en el ensayo de William Cronon “El problema con lo salvaje” (The Trouble With Wilderness, 1996) —un ensayo ya canónico— en el que muestra que la idea de lo salvaje no es ni natural ni neutral, ya que su significado cambia radicalmente a través del tiempo y el lugar, con consecuencias a veces devastadoras. Este estudio muestra cómo la idea de naturaleza salvaje, al separar artificialmente a los seres humanos de la naturaleza, se ha utilizado para justificar el desplazamiento de los pueblos indígenas, vinculando así la historia ambiental con la justicia ecológica y social.

Probablemente, la historia ambiental seguirá siendo siempre una disciplina hermenéutica, lo que significa que aborda sus fuentes principalmente a través de la interpretación en lugar de la experimentación científica. Como tal, hacer historia ambiental seguirá siendo, hasta cierto punto, la labor de contextualización ambiental y ecológica del pasado. “Como método”, escribe J. Donald Hughes, “la historia ambiental es el uso del análisis ecológico como medio para comprender la historia humana” (2009, p. 4). Esto significa estudiar a la humanidad, no en abstracto, sino como especie en concreto, lo que implica que todos los individuos están ecológicamente entrelazados y relacionados con otros organismos y entre sí, al tiempo que constituyen partes de sistemas de órdenes superiores de organización.

La historia ambiental se ha convertido hoy en un campo vibrante y diverso, con investigadores e investigadoras jóvenes y mayores de todo el mundo. Las organizaciones regionales que organizan conferencias incluyen la Sociedad Europea de Historia Ambiental (ESEH), la Sociedad Americana de Historia Ambiental (ASEH), la Asociación Asiática de Historia Ambiental (AAEH), la Sociedad de Historia Ambiental de América Latina y el Caribe (SOLCHA) y la Asociación Asiática de Historia Ambiental (AAEH). A nivel global, el Consorcio Internacional de Organizaciones de Historia Ambiental (ICEHO) trabaja por una mayor integración e internacionalización del campo, organizando una conferencia cada cinco años. El futuro de la historia ambiental probablemente sea un intento aún más sintetizador de comprender la interacción pasada entre el ser humano y el medio ambiente, en aras de abordar la crisis ecológica actual.

Bibliografía: 

Bergthaller, H., Emmett, R., Johns-Putra, A., Kneitz, A., Lidström, S., McCorristine, S., Pérez Ramos, I., Phillips, D., Rigby, K., & Robin, L. (2014). Mapping common ground: Ecocriticism, environmental history, and the environmental humanities. Environmental Humanities, 5(1), 261–276.

Cronon, W. (1996). The trouble with wilderness: Or, getting back to the wrong nature. Environmental History, 1(1), 7–28.

Guha, R. (1991). Lewis Mumford: The forgotten American environmentalist: An essay in rehabilitation. Capitalism Nature Socialism, 2(3), 67–91.

Hughes, J. D. (2006). What is environmental history? Polity Press.

Hughes, J. D. (2009). An environmental history of the world: Humankind’s changing role in the community of life (2.ª ed.). Routledge.

Latour, B. (1993). We have never been modern (C. Porter, Trad.). Harvard University Press.

Latour, B. (2015). Fifty shades of green. Environmental Humanities, 7(1), 219–225. https://doi.org/10.1215/22011919-3616416

Leopold, A. (1987). A sand county almanac: And sketches here and there. Oxford University Press. (Obra original publicada en 1948).

McNeill, J. R. (2003). Observations on the nature and culture of environmental history. History and Theory, 42(4), 5–43.

McNeill, J. R. (2020). Peak document and the future of history. The American Historical Review, 125(1), 1–18.

Merchant, C. (2007). American environmental history: An introduction. Columbia University Press.

Palmblad, J. (2024). Environmental history’s usable past: On reviving the scholarship of synthesis. Global Environment: A Journal of Transdisciplinary History, 17(3), 666–675.

Palmblad, J., & DeWitt, J. (2023). Communicating environmental history reaching diverse audiences through online forums. En E. O’Gorman, W. San Martín, M. Carey, & S. Swart (Eds.), The Routledge handbook of environmental history (pp. 368–384). Routledge.

Worster, D. (1989). Doing environmental history. En The ends of the earth: Perspectives on modern environmental history. Cambridge University Press.

Worster, D. (1994). Nature’s economy: A history of ecological ideas. 2da edición. Cambridge University Press. (Obra original publicada en 1977).

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